julio 15, 2024

Djokovic, inasequible, y Alcaraz, sin jugar, avanzan en Nueva York

Djokovic, inasequible, y Alcaraz, sin jugar, avanzan en Nueva York

Bernabé Zapata Miralles se quedó pegado a la valla publicitaria lateral, exhausto. Renunció a volver a correr hacia la enésima pelota que le devolvía Novak Djokovic desde el otro lado de la pista. Era el comienzo del tercer set en la segunda ronda del Abierto de EE.UU. y ese fue el punto que explicó el partido.

Zapata, número 76º del mundo, había pegado tres ataques descomunales, uno de ellos un derechazo en carrera, imposible más plano y más esquinado, y el serbio llegaba a las pelotas de manera inverosímil. El valenciano lo intentó con coraje, pero tumbar a Djokovic era una empresa casi imposible. Como estaba previsto, el partido duró tres sets (6-4, 6-1, 6 -1).

Djokovic es un tren que va lanzado hacia la gloria. Hacia su 24º ‘grande’, para superar a la histórica Margaret Court. Hacia una hipotética final con Carlos Alcaraz para dejar claro que él sigue siendo el rey. Zapata no fue obstáculo.

Y eso que el valenciano salió a morder. Sólido desde atrás de la pista, movió bien y mucho a Djokovic. A ratos le cortaba la pelota y hasta se atrevió con alguna dejada exitosa. Arrancó sacando en blanco y pronto tuvo una oportunidad de rotura de saque, que no aprovechó. Todo lo contrario que el serbio, que lo consiguió a la primera.

Djokovic ganó en tres sets pero tuvo que sudar la camiseta. En especial, en el primer set, con parte de la pista central de Nueva York todavía bañada de sol, con una humedad muy alta y con la exigencia de Zapata, que aguantaba peloteos largos. Chorreaba el serbio, que apretaba una bolsa de hielo contra el cuello en los descansos.

Ese primer set se alargó, pero cuando Djokovic necesitó cerrar los puntos, lo hizo con facilidad. Para acabar la manga, con un revés paralelo excelso.

El valenciano trató de atacar también en el arranque de los otros dos sets, pero acabó desesperado ante el poderío del serbio, cuyas pelotas se estampaban en la línea de forma rutinaria. Y con una prestancia física formidable. «Todavía tengo hambre y deseo de seguir ganando», dijo al acabar el partido. «Y me muevo bastante bien para ser un vejete», añadió con sorna el tenista, de 36 años.

Djokovic tuvo que correr para pasar de ronda, algo que apenas le ocurrió en la víspera a Alcaraz. El murciano, para muchos el único con capacidad de parar al serbio, solo estuvo una hora en pista en su debut en Nueva York. Su rival, el alemán Dominik Koepfer, se torció el tobillo nada más comenzar y se retiró al comienzo del segundo set. Se medirá este jueves en segunda ronda al sudafricano Lloyd Harris.