
El pasado 7 de octubre –el día en que Hamás atacó a Israel provocando 1.200 muertos porque sus servicios de inteligencia fueron detectados en su patio trasero– el principal motor político de la agenda israelí fue la reforma judicial aprobada. aprobada en julio por el Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, con el apoyo de sus socios ultraortodoxos y de la extrema derecha. Este mes, la Corte Suprema se topó con una ley que pretendía impedir que sus magistrados paralicen las decisiones gubernamentales por considerarlas irrazonables.
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