Entre conspiraciones, una «guerra» por su sucesión y la salud delicada, el papa Francisco se acerca a sus once años de pontificado

El papa Francisco cumplirá el miércoles 13 once años de pontificado con su salud delicada y un agresivo ataque de los tradicionalistas, que en un anónimo llamado “El Vaticano de mañana” que circula ampliamente, lo acusan de “autocrático, vindicativo y confuso”, y de haber dejado a la Iglesia “más fracturada que en cualquier momento de su historia reciente”.

Es evidente que la conspiración permanente de la extrema derecha contra Jorge Bergoglio, 87 años, se ha lanzado otra vez a la lucha para debilitar la posición del pontífice argentino. Quiere también aprovechar las dificultades que obligan a Francisco a suspender discursos, a mostrar sus problemas ambulatorios en las audiencias y a suspender viajes importantes, como ocurrió en noviembre, cuando debió cancelar su visita a Doha para el importante encuentro mundial de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos.

Las enfermedades que sufre el Papa no son graves, pero exigen un reposo al que hasta ahora se niega para afrontar empeños cotidianos de al menos doce horas. Y este año se presenta abrumador, con dos viajes largos (uno a la Argentina) en perspectiva.

El mensaje ha sido enviado a los cardenales de la Iglesia, sobre todo a los electores menores de 80 años que deben elegir al sucesor de Francisco y que en su mayoría simpatizan con los progresistas. Traducido en seis idiomas es un proyecto acerca de lo que debería hacer el próximo Papa para superar la contraposición permanente entre conservadores y progresistas.

Los tradicionalistas aprovechan las dificultades de movilidad y de salud del Papa. Foto: Tiziana Fabi / AFPLos tradicionalistas aprovechan las dificultades de movilidad y de salud del Papa. Foto: Tiziana Fabi / AFP

“La confusión genera divisiones y conflicto. Perjudica la confianza en la palabra de Dios. Debilita el testimonio evangélico. El próximo pontificado deberá recuperar y restablecer la verdad que ha sido lentamente oscurecida o perdida por muchos cristianos”.

El anónimo, atribuido a un cardenal que sintetizó las intervenciones de otros purpurados que lo ayudaron a confeccionar el libelo, explica siete prioridades que deben guiar a un próximo Papa que debería ser elegido desbaratando la actual amplia mayoría bergogliana de electores menores de 80 años que votan en el Cónclave para elegir al nuevo pontífice.

El anónimo señala que debe terminar “el actual autoritarismo”. El Papa “es un sucesor de Pedro y el garante de la unidad de la Iglesia. Pero no es un autócrata y no puede cambiar la doctrina Iglesia. No debe inventar o alterar arbitrariamente la disciplina de la Iglesia. Gobierna la Iglesia en modo colegial con sus hermanos obispos en las diócesis locales, en fiel continuidad con la palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.

La Iglesia “no e una autocracia ni una democracia”. Pertenece a Cristo.

El anónimo fue atribuido a un cardenal. Foto: ReutersEl anónimo fue atribuido a un cardenal. Foto: Reuters

La tercera prioridad señala que “la ambigüedad no es evangélica ni acogedora. Genera dudas y alimenta impulsos cismáticos”. La Iglesia debe ser una comunidad de credo. “Aquello en que creemos ayuda a definirnos y sostenernos”. El anónimo critica a “las imposiciones de insensibles doctores de la ley”, que no identifica. Cita casos que demuestran hasta que punto estas reflexiones provienen del interior de las altas estructuras de la Iglesia.

En este sentido el opúsculo afirma que el “el próximo Papa deberá devolver la centralidad del derecho canónico que ordena la vida de la Iglesia, armoniza sus instituciones y garantiza los derechos de los creyentes”.

Esta es una crítica que los más conservadores han dirigido al Papa y su vocación por las reformas. Dice: “Entre los signos del actual pontificado está su excesiva dependencia del motu proprio como instrumento de gobierno y una general falta de atención y disgusto por lo detalles canónicos”.

También critica en Bergoglio, primer Papa jesuita en la historia de la Iglesia, un exceso de vínculos con la Compañía de Jesús.

La difusión del anónimo tradicionalista ha multiplicado las opiniones y las polémicas en el vasto mundo de los sitios católicos de extrema derecha. Y algunos creen que en realidad detrás de los cardenales que habrían confeccionado el documento que apunta al futuro Cónclave y a la reorganización de los adversarios de Francisco y los progresistas, están los de siempre.

En primer lugar el cardenal norteamericano Raymond Burke, a quien el Papa castigó duro hace cuatro meses dejándolo sin su sueldo de más de 4000 euros mensuales y su departamento gratuito de lujo vecino al Vaticano.

El anónimo ataca también duramente que la Iglesia sea reducida “a un sistema de ética flexible, remodelándose para adaptarse a los instintos y a los apetitos y a las confusiones sexuales. “Uno de los defectos claves del actual pontificado es su retiro de una convincente “teología del cuerpo” en un momento en los cuales aumentan los ataques a la naturaleza y la identidad humanas”.

El documento tradicionalista no podía dejar fuera al propio Vaticano, al gobierno central de la Iglesia, “que tiene una urgente necesidad de renovación y de una limpieza de sus instituciones, de sus procedimientos y de su personal”. Reclama también “una profunda reforma de sus finanzas».

 el cardenal norteamericano Raymond Burke. Foto: AP el cardenal norteamericano Raymond Burke. Foto: AP

Algunos piensan que parte del documento ha sido “cocinado” en los ambientes vaticanos, donde existen grupos de monseñores para arriba contrarios a Francisco. En el texto se lee que los problemas internos “no son pequeñas cosas. Piden la presencia, la atención directa y el empeño personal de cualquier nuevo Papa”.

El anónimo señala también que “el Colegio de Cardenales deberá ser reformado”. Reclama que hacen falta “hombres de carácter, fuerte formación teológica, experiencia de liderazgo maduro, y santidad personal”.

Hace falta también “un Papa dispuesto a pedir consejo y a escuchar”.

Señala que “el actual pontífice ha puesto el acento en la diversificación del Colegio cardenalicio, pero no ha logrado reunir a los cardenales en consistorios regulares para promover una genuina colegialidad y confianza entre los hermanos”. Como consecuencia muchos de los electores que votarán en el próximo cónclave “no se conocen verdaderamente y podrían ser vulnerables a la manipulación”.

El anónimo hace una especie de llamado a los “cardenales de hoy” que debería activarse para “conocerse y para comprender mejor la situación en las iglesias locales”.

¿Cambios en el sistema de elección del Papa?

Los más leídos sitios de los católicos norteamericanos tradicionalistas, como “The Pillar” y “The Remnant”, escribieron que Papa Francesco tendría intención de modificar el sistema de elección del Papa y se prepararía a hacer entrar en el Cónclave a los laicos.

Un documento estaría siendo preparado en el Vaticano, señala “The Remnant”, que estima que al menos el 25% del futuro cónclave no vestirá la purpura cardenalicia.

Pero llegó la desmentida. El cardenal Gianfranco Ghirlanda, 81 años, jesuita, gran experto en derecho canónico, desmintió formalmente. “Es una mentira decir que estoy preparando un documento sobre el Cónclave. Es falso que me haya reunido con el Papa para discutirlo. No se nada de este asunto”.

En torno al Cónclave que elegirá al futuro Papa se concentra la mayor actividad conspirativa de los tradicionalistas para torpedear con éxito la actual situación de amplia mayoría presunta de los seguidores de línea progresista de la Iglesia conducida por el Papa.

En el último Consistorio, convocado en setiembre pasado, Francisco designó 21 nuevos cardenales electores, menores de 80 años.

De los 134 cardenales electores, 97 fueron creados por el pontífice, el 72,4% del total. Esta amplia mayoría parece garantizar la elección de un futuro Papa progresista, pero los tradicionalistas cuentan con poderosos recursos que están desplegando. El anónimo “El Vaticano de mañana” es el último instrumento para compactar a los cardenales contrarios a la gestión de Francisco en lo que un diario romano resumió como “el inicio de la guerra del Cónclave”.