Narendra Modi, una imagen omnipresente en las calles de Nueva Delhi | Internacional

Un miembro de las fuerzas de seguridad patrulla una calle de Nueva Delhi delante de una serie de cartéles que retratan al primer ministro de la India, Narendra Modi.AMIT DAVE (REUTERS)

Dos señoras agachadas en el asfalto que irradia un calor inclemente siguen repintando de amarillo intenso y negro, a pocas horas del inicio oficial de la cumbre del G-20, los bordillos de las aceras de una rotonda de la zona central de Nueva Delhi. No hay tráfico de vehículos ni transeúntes, el distrito ofrece una imagen fantasmal por los cortes adoptados a fines de seguridad, con un imponente despliegue de fuerzas. El esfuerzo de las señoras es símbolo de la férrea voluntad de la India de ofrecer una imagen reluciente en la gran cita internacional, pero a su lado hay un emblema aún más significativo. Ahí, como por doquier en un recorrido por el centro de la capital, aparece un cartel con un lema para la cumbre y el rostro del primer ministro indio, Narendra Modi.

La cantidad de carteles con la efigie del líder colgados en la ciudad es impresionante, como mínimo poco habitual en países democráticos, y probablemente más parecida al culto de la personalidad propio de otros tipos de regímenes. Los mensajes varían, abordan el medio ambiente, la tecnología y otras cuestiones, pero el rostro es siempre el mismo. La personalización en la figura del líder de la gran oportunidad que esta cita de alcance mundial representa para la India no es, desde luego, uno de los aspectos más importantes en el debate acerca de la calidad de la democracia india, pero resulta significativa en una cuestión trascendental para el futuro del país.

Las labores de las dos señoras son gotas en una gran lluvia de atenciones. En el precioso recinto de la Tumba de Humayum un equipo de cazadores de perros callejeros se emplea a fondo. Un par de ellos son introducidos en la furgoneta de la perrera, otro es enlazado con habilidad por la espalda en el camino central de la zona monumental. Pero hay muchos otros en los alrededores, se oyen sus ladridos, y multitud por doquier, en una lucha que parece metáfora del esfuerzo de modernización de la India, que avanza, pero sigue teniendo por delante una tarea titánica.

Cierre de escuelas y negocios

Unos 120.000 policías han sido desplegados para garantizar la seguridad de la cita. Las autoridades han decretado el cierre de escuelas y negocios en la capital. Las medidas han evaporado por completo la vida normal de una amplia zona alrededor del distrito gubernamental de la parte nueva de la ciudad. En la parte vieja, más alejada de los puntos sensibles para la cumbre, la vida fluía con mayor normalidad, con su melancólico encanto. Aquí se ve que la India necesitará mucho más que repintados.

Los fuertes datos económicos del año pasado y el actual, que sitúan a la India como la economía importante con la mayor tasa de crecimiento, son una buena noticia. El progreso de los últimos lustros es evidente. Un informe publicado en 2022 por el Programa de Desarrollo de la ONU apuntaba a que en los 15 años entre el periodo 2005 / 2006 y el 2019 / 2021 la pobreza multidimensional —que considera distintos indicadores de ingresos, salud, educación— ha caído de un 55% a un 16% de la población. Pero esto sigue suponiendo unos 200 millones de personas en un país con 1.425 millones de habitantes. Muchos otros siguen en situación precaria, y el camino se antoja largo, con un enorme reto de redistribución, de fortalecimiento de servicios sociales.

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Los medios locales informan de que unos 4.000 mendigos han sido desplazados en los últimos días de lugares en los que es posible que pasen los delegados de la cumbre. Naturalmente basta con alejarse un poco de los puntos neurálgicos para encontrarlos.

Las autoridades también se han esforzado de alejar de la zona de la cumbre y de los principales hoteles los monos que conviven en la ciudad con su veintena de millones de habitantes. Pero ellos tampoco han desaparecido del todo de ahí. Curiosamente, se encuentran muchos reunidos cerca de la antigua sede del Parlamento, edificio colonial edificado en los años veinte del siglo pasado, ya abandonado en favor de una nueva imponente sede erigida justo a lado, en una yuxtaposición que parece hablar.

Todo ello lo ha visto y lo ven los ojos omnipresentes en los carteles propagandísticos de Narendra Modi, carismático y muy polémico líder, con una enorme tasa de apoyo popular según las encuestas y una dramática losa de acusaciones acerca de los efectos que su liderazgo inspirado en el nacionalismo hindú causa a la democracia india.

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