¿Por qué Francisco va a Marsella pero no a «Francia»?

“Quizás el año que viene vaya a Marsella”, declaró el Papa Francisco a mediados de diciembre, en una entrevista con el medio español ABC. No sin antes precisar: “Pero este no es un viaje a Francia”.

La frase incomodó al gobierno francés, con quien las relaciones no son fluidas. Hasta se dio el lujo de no darle el placet a un embajador francés en el peor momento del vínculo. Al jefe de estado del Vaticano le molesta por un lado la interpretación de la laicidad del gobierno francés y su política migratoria por el otro.

El Papa llega a Marsella este viernes y se irá el sábado, después de una misa masiva en el Velódromo, a la que asistirá el presidente Emmanuel Macron. Una polémica en la Francia laica pero que Macron defiende por sus creencias. No todos los franceses están de acuerdo con su presencia en la celebración pero habrá una entrevista posterior, a solas.

Este “Papa del Sur”, como lo llama despectivamente y por lo bajo la curia alemana e italiana, “no entiende” que el generoso preámbulo argentino de recibir “a todos los hombres del mundo que quieren habitar el suelo argentino” no es comprendido ni aplicado en la Unión Europea.

Para ella, los migrantes son una invasión no deseada, que debe ser confrontada. Los que llegan deben ser reenviados, aun a Afganistán o a Nigeria o Malí. Ningún migrante de los 7.000 que han llegado a la isla de Lampedusa será recibido en Francia, por ejemplo. Menton, esa marítima ciudad en la frontera italiana, es una pared blindada para los que intentan llegar a Francia.

El Papa Francisco llega este viernes y se va el sábado de esta milenaria Marsella, ciudad fenicia, crisol de razas y religiones, capital de los migrantes. Viene a honrarlos y celebrarlos. Será frente al Mar Mediterráneo, que describió “como un cementerio”.

Esa imagen es por el naufragio de los migrantes, que buscan llegar a Europa desde Túnez, Libia o Egipto, en pequeños barcos de fortuna, abandonados en el mar por los traficantes o a merced de los barcos de la ONGS, que los rescatan en el mar, tras un camino peligroso y brutal para hombres, mujeres y niños nacidos en la fuga y pocos puertos los aceptan fácilmente.

Marsella, ciudad fenicia, crisol de razas y religiones, capital de los migrantes. Foto AFP

“No venir a Francia”

El Santo Padre habla muy en serio cuando piensa poner un pie en la ciudad fenicia, sin honrar a Francia con su presencia. Ya había realizado este milagro viniendo a Estrasburgo, sin venir tampoco a Francia.

En lenguaje papal “no venir a Francia” significa que no será una visita de Estado. En Estrasburgo, Francisco fue a Europa, visitando sólo las instituciones europeas (el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa), para pronunciar dos discursos bastante potentes sobre el ideal europeo y la globalización de la indiferencia.

En ese momento ni siquiera se detuvo en la catedral, para gran consternación de los fieles, que esperaban hasta el último minuto una salida del programa. A pesar de la decepción provocada por esta visita relámpago, Francia supo jugar su carta.

El Papa fue recibido por la ministra de Ecología, Ségolène Royal. Fue ella quien le convenció de acelerar la publicación de su encíclica Laudato Si, para que el texto estuviera listo en el momento de la Conferencia sobre el Clima de 2015, en París.

En Marsella, Francisco pretende explorar esta vez el Mediterráneo. Va a asistir a un encuentro de obispos de la zona, en línea con los que ya tuvieron lugar en Bari en 2020 y en Florencia en 2022.

En el programa: intercambio de experiencias e ideas en torno al diálogo interreligioso y en particular con los musulmanes, el desafío migratorio y la vida de los cristianos en situación de minoría.

Los obispos del norte de África ya se reunieron en Marsella del 10 al 15 de enero para preparar este posible encuentro y reflexionar «sobre el sentimiento de pertenencia común a una misma cuenca civilizatoria», informó Vatican News, con noticias de la Santa Sede.

Papa Francisco durante su audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Foto ANSAPapa Francisco durante su audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Foto ANSA

Será una manera de responder a una invitación del cardenal Jean-Marc Aveline de hace casi dos años. En aquel momento, el arzobispo de Marsella aún no había recibido el título, pero supo encontrar las palabras para despertar el interés del obispo de Roma.

Un laicismo muy duro para el Papa

El Papa siente admiración por Georges Bernanos, de quien Emmanuel Macron había ofrecido una edición original del Diario de un sacerdote rural, durante una de sus visitas, en 2018, o por el más confidencial Jospeh Malègue, novelista de combate espiritual y “gente pequeña”. Sus largas entrevistas con Emmanuel Macron durante sus tres visitas al Vaticano fueron de una hora de media.

Su lectura crítica del laicismo francés es que demasiado extremo para su gusto. No entiende la prohibición del velo o la abaya. Las ve como una invasión a las creencias y la privacidad. O el malestar ligado al hecho de no haber recibido nunca a Jean-Marc Sauvé, presidente de la CIASE, tras la publicación del explosivo informe sobre las víctimas de abusos sexuales cometidos por sus miembros del clero. Su fórmula ácida: “Francia, hija mayor de la Iglesia”, pero “no la más fiel”.

El caso es que Francia no está entre las prioridades del Papa, que siempre ha sido claro al respecto. “Mi primera opción fue visitar los países pequeños de Europa. No he estado en ningún país importante de Europa”, recordó en su entrevista con ABC.

Una opción preferencial para las periferias, los países pobres, en guerra o de mayoría musulmana, donde los católicos son ultraminoría. Más que el Papa misionero o evangelizador, el Papa conciliador con las otras iglesias y religiones. Un defensor de la interreligiosidad.

Desde su elección, Jorge Bergoglio ha realizado 42 viajes al extranjero y visitado unos sesenta países, dando prioridad a las «periferias». Recientemente visitó Mongolia por primera vez.

Se podría objetar que el Papa podría haberse contentado con decir su intención de venir a Marsella sin precisar, a riesgo de herir o molestar innecesariamente, que no sería «en Francia», un país que también tiene sus pobres y sus periferias.

Su necesidad es crear nuevas dinámicas pensando en términos de cooperación dentro de grandes espacios, como el “escenario continental”, que estableció en el sínodo sobre el futuro de la Iglesia, obligar a episcopados de diferentes sensibilidades a decirse cosas alrededor de la mesa.

El Papa Francisco, que vendrá a Francia por el tema migratorio, dice no tener nada en contra de Francia

Preguntado por el diario Le Figaro en el vuelo de regreso de Portugal si tenía algo contra Francia, aunque se niega a conceder a este país una visita oficial, el Papa Francisco respondió con firmeza: «¡No! «. “Es una política de viajes”. “Visito pequeños países europeos. Los países grandes, lo dejo para más tarde, al final”.

El Mediterráneo, un cementerio

En Marsella se celebrará la conferencia mediterránea en la que participará con obispos de países de todas las orillas del Mediterráneo.

«El problema del Mediterráneo es un problema que me preocupa», afirmó el pontífice. “Por eso me voy a Francia. Es criminal explotar a los inmigrantes. No en Europa, porque somos más civilizados, sino en el norte de África”, dijo.

“El Mediterráneo es un cementerio”, continuó: “Los inmigrantes en las arenas del norte de África están en condiciones terribles. La semana pasada, la asociación humanitaria Saving Humans recuperó a inmigrantes que habían sido abandonados allí, en el desierto entre Túnez y Libia, para morir…»

“Los obispos del Mediterráneo se reúnen con los políticos para reflexionar seriamente sobre esta tragedia de los inmigrantes. El Mediterráneo es un cementerio pero no es el cementerio más grande. El cementerio más grande se encuentra en el norte de África. Voy a Marsella para eso. La semana pasada, el presidente Macron me dijo que tenía intención de venir a Marsella” dijo el Papa al regreso de Portugal.

El papa Francisco llegará la noche anterior y pasará un día y medio en la ciudad. Foto ANSAEl papa Francisco llegará la noche anterior y pasará un día y medio en la ciudad. Foto ANSA

Si acabó aceptando celebrar una misa en Marsella, en el estadio Vélodrome, el 23 de septiembre antes de regresar a Roma, fue bajo la presión del cardenal Aveline, arzobispo de la ciudad. Por lo demás, el Papa adoptó el formato de la visita a Estrasburgo.

Finalmente el Papa Francisco llegará la noche anterior y pasará un día y medio en la ciudad. Se reunirá con el Presidente de la República, al margen de la conferencia internacional, dedicada principalmente a la ayuda que la Iglesia pretende prestar a los inmigrantes que desean cruzar el Mediterráneo.

Además de una misa en el Vélodrome, recorrerá la Avenida del Prado en un «papamóvil» . Señala con esta distinción el hecho de que no será una visita al «Estado”.

Pero su último pedido es bien específico: recorrer los barrios del norte de Marsella, donde reina el tráfico de drogas, de personas, de armas y hay enfrentamientos a Kalashnikov cada noche. Un territorio que es casi vedado a la policía, como la Cité de la Castellane. Mayoritariamente la población es musulmana o migrante, desocupada y con stress.

La migración divide a Francia. Hace crecer la candidatura xenófoba de Marine Le Pen, desdiabolizada para las elecciones presidenciales en dos años . Un 62 por ciento cree que puede ganarlas.

Tras la llegada de al menos 8.500 inmigrantes a la isla italiana de Lampedusa, el 65% de los franceses se oponen a su acogida tanto en Francia como en la Unión Europea, según revela la última encuesta «L’Opinion en direct» dirigida por Elabe .

Una semana después de la llegada de al menos 8.500 inmigrantes ilegales procedentes de Libia y Túnez, la última encuesta «L’Opinion en direct», realizada este miércoles por el instituto Elabe, revela que el 65% de los franceses se oponen a que sean acogidos en Francia o en la Unión Europea. Por el contrario, el 34% está a favor de tal acogida.

El martes por la tarde, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, anunció que Francia «no acogerá a inmigrantes procedentes de Lampedusa», excepto a los «refugiados políticos».Tampoco hará un campo de migrantes en Menton para “procesarlos”.

Las dos razones más citadas por los encuestados para no acoger a estos inmigrantes en Francia son «la falta de medios económicos» para hacerlo (88%), seguida de «la amenaza a nuestra identidad/cultura» (37%). Los partidarios citan principalmente «la humanidad y el deber de Francia de acoger» (90% de ellos) y, en menor medida, la «necesidad de inmigrantes para nuestra economía» (32%).

La tendencia a rechazar a los inmigrantes está bien identificada en función de las tendencias políticas. Entre los franceses hostiles a esta acogida en Francia, están en la cima los que votaron al xenófobo Éric Zemmour en las últimas elecciones presidenciales (94% de oposición), Marine Le Pen (93%), Valérie Pécresse (85%) y Emmanuel Macron. (63%). Sólo los votantes de Jean-Luc Mélenchon están mayoritariamente a favor de acoger a los inmigrantes de Lampedusa en Francia (65%).

Los jóvenes aprueban

La división también es generacional. El 56% de los jóvenes entre 18 y 24 años aprueban la acogida de inmigrantes de Lampedusa en Francia, mientras que los grupos de mayor edad se oponen a ello.

En comparación, la acogida de inmigrantes y refugiados sirios en septiembre de 2015 fue rechazada por el 47% de la población y el 59% en enero de 2018. Asimismo, la acogida de inmigrantes rescatados por el barco Aquarius en junio de 2018 suscitó la oposición del 64% de los franceses.

Los franceses son principalmente hostiles, en general, a acoger a inmigrantes económicos (el 59% se opone) o a los que intentan reunirse con sus familias (53%). Pero están mayoritariamente a favor de acoger a refugiados políticos (63%), así como a la regularización de trabajadores indocumentados en profesiones escasas.

En este contexto, la gestión política de esta inmigración también está en duda. La mayoría de los franceses (55%) considera que la Unión Europea es el nivel más eficaz para gestionar la acogida de los inmigrantes. Pero sólo el 23% piensa que es una ventaja en esta gestión (el 44% piensa que es una desventaja).

Francia está en máxima alerta. Al Qaida ha anunciado que atacará un ministerio.Pero hay una rara conjunción: llega el Papa Francisco, se va el el rey de Gran Bretaña al final de su visita oficial y se celebra el Mundial de rugby. Marsella será la sede del partido entre Francia y Namibia cuando el Papa llega a su ciudad. Se esperan 350.000 turistas en la ciudad fenicia y al menos 10.000 policias.