julio 15, 2024

Reino Unido cancela «indefinidamente» su marca de calidad propia y mantendrá la europea

Nueva marcha atrás del Reino Unido tras el ‘Brexit’. Tras dos años de protestas, el Gobierno británico ha anunciado que suspenderá «indefinidamente» la entrada en vigor de la marca de calidad UKCA que debían obtener todos los productos antes de venderse en el país, para demostrar que cumplen con los estándares de calidad y seguridad legales. En su lugar, mantendrá la marca CE que utiliza la UE.

Uno de los beneficios que ofrecía la marcha de la UE, al menos en la teoría, es la capacidad de cambiar las regulaciones y estándares para los bienes que se vendan en el Reino Unido respecto a las que fija Bruselas para los Veintisiete. Para ello, el Gobierno británico creó una institución que certifique que los productos cumplen las regulaciones británicas, y les diera la marca UKCA, al igual que su homólogo europeo les da la marca CE.

Pero la UE no reconoce la certificación británica, y las empresas habían advertido del coste extraordinario que les supondría tener que llevar sus productos a dos análisis distintos en vez de a uno solo. Y este martes, Londres se ha rendido y ha anunciado que aceptará que las firmas sigan usando solo la certificación europea e ignoren la británica.

Esta decisión, que supone la enésima prueba de la dificultad de crear un sistema regulatorio paralelo desde cero, también conlleva problemas para las empresas británicas. Por un lado, Reino Unido no tiene ya ningún centro de certificación aceptado por Bruselas, por lo que las empresas británicas tendrán que irse a Irlanda o Francia a certificar sus productos, en vez de hacerlo en su propio país, como hasta 2021. Y, por otro, Londres tendrá que aceptar los estándares de seguridad fijados por la UE, ya que sus empresas se adaptarán a ellos y no a los que establezca el Parlamento Británico.

El Ministerio de Empresas y Comercio defendió la decisión como «una forma de reducir costes e impulsar el crecimiento de la economía británica». El único problema es que todos esos obstáculos que ralentizaban el crecimiento los había creado el propio Gobierno británico con su decisión de abandonar la UE. Y nada indica que vaya a ser el último ejemplo.